domingo, 20 de noviembre de 2011

Imaginarios sociales, Intelectuales y Hegemonía. Un apretado análisis desde la perspectiva de Antonio Gramsci. (ii)

En el artículo anterior introducimos a la discusión el Imaginario social, esto desde la perspectiva del autor de producir programa de contenido educativo para radio y televisión en canales comerciales privados de carácter local. Esta noción cobra vigencia, para la discusión como intento de justificar, si Usted amigo lector lo permite, de comprender como desde la conceptualización de Hegemonía como la Dirección que los Intelectuales Orgánicos construyen para que un grupo controle las alianzas posibles de la sociedad, para tomar el control del Estado.

En ambos casos que plantea Gramsci de Hegemonía (Transformismo o Expansión), deseamos hacer notar el papel fundamental del Intelectual y el Imaginario Social, este último construido en la estructura ideológica dominante que la difunde como material de contenido ideológico en la escuela, la religión, los medios de comunicación, redes sociales, partidos políticos.

El material de contenido ideológico es de una variedad asombroso en la actualidad, no solo como producto recogido en textos, grafitis, formas de vestir, de agruparse, hablar, corporal, sino hasta en sus formas espirituales, la esencia metafísicas que forman la conciencia social. A este último nos referimos en tanto que contenidos en la producción de programas de televisión o radio, expresan el sentir de quienes forman imágenes para configurar de lo local imaginarios que difunden contenidos de la dominación. Contenidos que dan homogeneidad a las formas de control social íntimamente relacionados con las formas económicas y políticas de la dominación. Ahora bien, que es la dominación, en este articulo la concebimos como la conexión de influencia que ejerce los intelectuales sobre las ideas y el comportamiento del ciudadano para que sumar adhesiones al proyecto político de los grupos en el poder, fundamentalmente, político y económico.

Esta simbiosis de la político y económico, es fundamental hoy como sustento no solo de la democracia burguesa, sino de las experiencias de socialismo democrático latinoamericano.

El imaginario que se asoma en los medios de comunicación oficial, oficinas públicas o espacios públicos de los países con experiencia socialista en América Latina, evidenciar como el uso de, por ejemplo la televisión o la radio, crea y difunde imaginarios de alto contenido ideológico.

De allí que los intelectuales no sean un grupo autónomo que genera ideas del bienestar de los pueblos y demás connotaciones populistas o liberales o radicales. Es evidencia presente, que grupo que en un proceso electoral no apele al cómplice de la pobreza o inseguridad o falta alimentos o trabajo o vivienda o simplemente ofrecer el anhelado Bienestar. Claro está, salvo que, en el proceso sea el discurso de quienes ostenta el ejercicio de gobierno, en ese caso, el discurso estará adornado por el pedido a sus electores de un tiempo extra, “ya un periodo o dos o tres no es suficiente, para…”

Los intelectuales básicamente al no ser autónomos, son los formadores de cuadros políticos, culturales, deportivos, educativos, sindicales, comunales para.

a. El Partido o la alianza de partidos.

b. La alianza de grupos económicos tradicionales que luchan por mantener sus privilegios.

c. Los nuevos grupos económicos que se forjan bajo el ampara de la nueva clase hegemónica.

Este planteamiento se sustenta en los postulados de Gramsci, que sostienen que la nueva clase dominante necesita formar sus propios intelectuales; pero mientras se da ese proceso, toma para sí grupos de intelectuales que en fragor de la contienda fueron adversarios. Gramsci lo enfoca como “asimilación” de cuadros que por la experiencia es de sumo provecho para la nueva clase dirigente. Pero con ello se trae indudablemente vicios y asociaciones que se cuelan en las nuevas estructuras del poder, figuras “declarantes de oficio” vinculadas a los nuevos intelectuales que se atornillan a cargos y curules, para convertirse finalmente en burócratas del partido en funciones de gobiernos. Intelectuales, burócratas, capitalistas que en mezcolanza de “voceros de medios” conforman un entramado ideológico que llena de contenido el imaginario social.

Sabio nuestro amigo y dilecto maestro Gramsci, cuando visualiza que el Intelectual, más allá del entendimiento de un “letrado”, la dinámica de la construcción de la hegemonía, involucra o asigna ese “status” sin discriminar desde un docente universitaria has un jornalero en capacidad de organizar, influir o dirigir adhesiones al “partido”. Este aspecto es el que deseamos rescatar en tanto que en la sociedad se produce y difunde material ideológico desde todo punto de vista, generando imaginarios que conforman una óptica particular de adhesiones que forman solidaridades emocionales y automáticas de gran utilidad al momento de consolidarse en el bloque de poder. Es decir, que actúan no solo sobre la base material de la sociedad, sino que, y el tema que ocupa estas líneas y las próximas, el modo de pensar, la espiritualidad y la formas como esa espiritualidad se relaciona consigo mismo y su realidad.


sábado, 12 de noviembre de 2011

Imaginario sociales colectivos


En las sociedades capitalistas la imaginaria social desarrolla representaciones concebidas bajo el precepto de la dominación de sociedades desarrolladas vs sociedades dependientes, en las cuales el referente simbólico de los procesos sociales individualiza al ciudadano, cercenando aptitudes como la creatividad, capacidad innovadora, intelecto

Las sociedades receptoras, vacían de contenido educativo los productos que se difunden a través de los canales nacionales y/o instituciones hasta convertirlos en contenidos únicos, homogéneos y sin capacidad de generar representaciones del contexto social global.

Se intenta fortalecer concepciones como Comunidades del Conocimiento conceptualizados como ejes dinámicos de la producción de estrategias educativas e investigaciones en ciencias humanas y aplicadas necesarias para el desarrollo espiritual y material de los ciudadanos.

El sentido social es una aptitud cognitiva en virtud de la cual el hombre se halla abierto a su entorno y se proyecta en la capacidad de conocer los elementos y las relaciones del movimiento y del orden social. Es la clásica condición gregaria del hombre que le lleva a reconocerse como perteneciente al conglomerado de su especie. Esta condición le permite al hombre la posibilidad de existir, ya que solo el hombre sería extremadamente vulnerable. De allí la posibilidad de la coexistencia, esa dualidad sociológica (H Spencer, E. Durkheim y V. Paretto, entre otros) que explica la posibilidad de la búsqueda del vivir por sí mismo, pero a sí mismo la necesidad de participar en el proceso colectivo de la evolución humana. De allí que el Ser Humano no percibe la vida en soledad, es por esencia colectivo. Nos percibimos como seres colectivos, llenos de información que trasmitida van conformando núcleo social.

La percepción sería la síntesis de la actividad del sentido social. La percepción es el proceso cognitivo inicial, cargado de contenido sop0cail expresado en ideas, costumbres tradiciones pareceres que van formando la conciencia. Cómo hacer para valorar la carga empírica que contienen nuestras ideas. No se necesita ser el erudito doctor para creer o no en la mal suerte.

Percibimos la realidad dual, lo recuerdan de allí que en la percepción social ocupe lugar preponderante la percepción personal, que hace posible la comprensión del comportamiento (aceptado o rechazado) del contexto social: la completa percepción de alguien se alcanza cuando se le valora en tanto que persona.

La valoración personal supone la percepción de la dignidad moral que va unida al reconocimiento de los valores que afloran y se desarrollan en el ser personal de cada hombre.

El reconocimiento de los valores lleva consigo la percepción del otro como de uno mismo. Esta percepción, junto a la actitud de respeto subsiguiente, lleva a descubrir que los otros son el bien más grande con el que nos podemos encontrar: aquí se fundamenta la convivencia armoniosa y enriquecedora de la persona de cada uno.

El ser humano, al percibir la conexión entre su vida y la de los demás lleva como consecuencia al descubrimiento de que los hechos sociales constituyen una realidad en la que se halla comprometida la existencia. El sentido social se transforma en conciencia social.

La conciencia social añade al sentido social en la vinculación a la realidad social. Es en este momento, el de la conciencia social, donde aparece el sentimiento de responsabilidad social cuando el individuo/colectivo se hace consciente de deberes y derechos y de su participación activa en la vida de la comunidad.

Este sentimiento, que tiene como referencia una actividad posible, abre la puerta a la actitud social. Y la actitud es una disposición inmediata para la participación. Es condición todavía incipiente y preparatoria, una condición previa para una acción posterior, pero no actividad en sentido estricto. La participación es una actitud que se aprende a la luz de un sistema educativo participativo, libre al pensamiento divergente y creativo.

La actitud social tiene un carácter bipolar, porque señala una dirección a la actividad que ha de venir; actividad de acercamiento o de alejamiento, de simpatía o de antipatía, positiva o negativa. Cuando la actitud de adhesión a una persona o a un grupo, de integración a un conjunto humano o comunidad o de participación activa, es positiva favorece al conglomerado social.

La actitud social desemboca en el hábito social, que viene a ser el principio inmediato de la actividad social. Es por ello que la formación para la convivencia social tiene su objetivo final en la promoción y refuerzo de los hábitos sociales.

Magnificencia de propuesta teórica para la comprensión del valor de la democracia en sí misma, es el centro de nuestra disertación diaria. Es el camino a seguir para ubicar en el contexto la noción de democracia social como fuerza que debe imponerse ante cualquier autoritarismo personalista del Estado Social Capitalista.


martes, 1 de noviembre de 2011

Democracia: Estado y legitimidad. (i)

Caricatura de Quino

Hay dos tendencias peligrosas que deben evitarse en el campo de las relaciones humanas. La primera es la participar promover el discurso de la culpa y la acusación. Las comunidades están formadas por emociones y emociones que se contraponen al paisaje de la pobreza o de exclusión social.

La segunda, hace referencia a la discusión de lo sociológico y/o político, y más terrible aun en el campo de la sociología política, no debe empantanarse en dilucidaciones comparativas acerca de las teorías contratantes de la democracia, acerca de la naturaleza de la soberanía popular con respecto a los derechos de las minorías en democracia representativa.

Adentrarse en cualquiera de estas dos vías significa enredarse en un debate puramente ideológico que tendría poca utilidad en el plano de la realidad para entender como Venezuela se convirtió en una sociedad tan violenta y polarizada, mucho menos para abordar la posibilidad de mantener o consolidar la democracia para el futuro.

Seguir cualquiera de estos dos planteamientos en el mejor de los casos, solo evidencia el sesgo del autor, Como afirma el presidente Fernando Cardozo “la interpretación subjetiva a nivel meramente político”

La idea fundamental que se discute, entraña dilucidar el fracaso de la dirección democrática en función del fracaso o fractura de la condición de Estado. Por ejemplo, El fracaso en la protección de la ciudadanía como política de Estado, incide en las libertades civiles básicas, tales como el derecho de libre asociación y manifestación publica.

La estructura del poder central en comparación con las estructuras políticas locales. A pesar del sistema de Estado Federativo que rige en Venezuela; La administración de los fondos de todo el sistema federal es controlada casi por completo de facto por el poder ejecutivo y la asamblea nacional.

Desde el fin de la Guerra Federal, con el inicio de la dictadura de Juan Vicente Gómez en 1911, el Estado venezolano ha mantenido una fuerte tendencia centralizadora, aun contraria a los mismos postulados contenidos en la Constitución.

El esquema macroeconómico es la continuación, con mas o menos maquillaje, del esquema proteccionismo y sustitutivo de importaciones, revestido de liberalismo y populismo colapsado (y sin sustituto) por los impredecibles ciclos de precios de los productos y la perdida, a lo largo de los años, de la cuota de participación en los mercados internacionales para extracción y exportación de petróleo

Paradójicamente, y parece que contradice la afirmación anterior, los inmensos ingresos petroleros, que año tras años, gobierno tras gobierno, ha recibido el ejecutivo se han invertido en empresas propiedad del Estado para producir acero, aluminio y electricidad, para satisfacer las demandas del mercado nacional e internacional, con la curiosa particularidad de ser materia prima, sustituta de materia prima.

Esto es, los japoneses compran la materia prima aluminio a las nuestras empresas de Guyana y nosotros le “compramos” bienes finales elaborados con ese aluminio.

El monopolio y control del estado sobre todas las industrias relevantes funciona de forma similar a las v economías planificadas de la era soviética. El estado también genero planes quinquenales y se premio a quien a trocha y mocha “cumplió” con las “metas”.

Pero cuarenta años mas tarde el 40% de la población vive en condiciones de pobreza critica y empeorando. Por ello aun los candidatos siguen “amando a los pobres”.

Después de casi cinco décadas y de todos los billones de dólares del mundo, el petróleo continúa sirviendo para el populismo, la corrupción y la reproducción de la pobreza como sustento de la legitimidad del Estado

El nuevo contrato social requiere la presión sobre las instituciones democráticas,

Pero sin duda el signo fundamental de la democracia es el ejercicio indirecto de la soberanía por el pueblo, a través de representantes electos mediante sufragio en elecciones secretas, libres y universales

Sin embargo la democracia como régimen político no se agota en la representación ni en la participación política.

Progresivamente, en particular después de la segunda guerra mundial la democracia como régimen político se vincula esencialmente a otros factores que van mas allá de la sola elección de funcionarios o mecanismos de participación directa y que se refieren al funcionamiento del gobierno democrático, vinculado al ejercicio del poder y la separación e independencia de los poderes del estado, al respeto y garantía de los derechos humanos, pluralismo político, a la garantía de los derechos laborales y a la libertad de expresión.

En el mundo contemporáneo no basta que el origen del gobernante esté en el sufragio para que se lo considere democrático, sino que tiene que cumplir con otros elementos esenciales para tener legitimidad democrática y garantizar que sea un “gobierno para el pueblo”. ¿Donde habrá usted escuchado esa afirmación anteriormente?

La democracia exige el respeto y la garantía de los derechos humanos y de las libertades fundamentales. Estos no pueden existir sino en democracia y no hay democracia si aquéllos no se garantizan, por más origen electivo que tengan los gobernantes

En el mundo contemporáneo la doctrina de los derechos humanos y su primacía se han convertido en parte importante de la democracia, al punto de que un régimen en el cual se violen los derechos humanos, la libertad de expresión y en general las libertades fundamentales del hombre es esencialmente anti democrático.

Pero además, la democracia exige que el acceso al poder y su ejercicio se realicen con sujeción al Estado de Derecho, es decir, respetándose la Constitución y las leyes.

El acceso al poder no solo se realiza a través de elección de los representantes, lo que debe hacerse con sujeción a lo establecido en la Constitución, sino también mediante la designación de los titulares de órgano con arreglo a la propia Constitución


domingo, 23 de octubre de 2011

Democracia y elites. El gobierno de las minorías. (ii)

Antes de continuar con la referencia a las élites, el poder y la democracia plena es conveniente acotar lo emocionante de la lectura del artículo Aportes de la “Teoría y la praxis para la nueva gobernanza” (Agosto.2002) de la Dra Ma. Victoria Whittingham en cuanto la importancia que cobra tal definición para la intención expresa del autor de ubicar la democracia, en cualquiera de sus acepciones de derecha o izquierda, como condicionada por asociación o coalición de elites que orientan la acción de gobernar hacia sus intereses particulares. La ambigüedad de pueblo, es tan superficial como brutalmente es su uso para acercarse a quien representa el voto necesario para ser elegido en un proceso electoral.

Aun hoy concebimos la democracia como la libertad, la igualdad o el derecho al voto, lo cual reduce la acción de gobierno a condicionantes jerárquicos y/o de control, tal como lo expresa la citada autora en tanto que las formas de “gobernar” buscan “promover y garantizar el desarrollo sostenible y la democracia”. Efectivamente ese es el espíritu de la letra, y mas aun, como lo expresa el Dr. H Kelsen, es el espíritu de la ley que regula las libertadas e igualdades de los individuos o grupos que actúan en el sistema democrático, sujetos al ejercicio del gobierno. Así en general, es el control de las élites del gobierno que gobierna en función de “todos los ciudadanos”.

Es la formación de patrones, normas y arreglos a fines compartidos que limitan la igualdad, la libertad y el mismísimo voto a lo que el ejercicio de gobierno ubica como justo en razón de la equidad socialmente necesaria de otorgarle a cada quien lo que en justicia debe recibir según sus esfuerzo. No es igual un funcionario que amparado por la jerarquía de su cargo se enriquece, o debe merecer la misma libertad que disfruta el funcionario que actúa con apego a la Ley. Banal lo podríamos catalogar, pero no es este un principio de la lealtad a las élites que por micho tiempo han sometido la democracia latinoamericana, por solo citar este lado del mundo.

De allí que el ejercicio publico como ejercicio de la Sociedad Política, hoy aparece bien difuso en tanto que organismos que financiados por el Estado actúan como “agentes ajenos a el” para generar bienestar, de acuerdo a directrices de elites políticas que desde puestos de liderazgo político ejercen férreo control sobre esas mismas organizaciones de la Sociedad Civil. Es la mano del Estado operada para ampliar no solo la capacidad de financiamiento a las comunidades, sino de ejercer el control disciplinario a quienes requiriendo los beneficios del bienestar, se someten al control de las elites políticas. Tal como lo expresa la Dra Whittingham, es un espacio de lo público ampliado para introducirle elementos a la noción de Gobernanza.

La Democracia se consagra en el ejercicio de la justicia y la equidad entre quienes siendo ciudadanos, aceptan en arreglos a fines que la única posibilidad de ejercer sus derechos es ejerciendo sus obligaciones. De allí que el ejercicio de liderazgo pleno de quienes ejercen la función de Gobierno del Estado, tienen ante si el reto de fortalecer las relaciones o propiciar los cambios radicales que el sistema de relaciones requiera para que el bienestar sea mas que una quimera electoral e incluya un espacio equitativo en el proceso de ejercicio pleno de la Democracia.

Este no es un voto de confianza a la “democracia plena”, es simplemente un punto de reflexión para concluir en este apartado que la gobernanza es un juego de poder por la construcción de un liderazgo, fundado en intereses, conflicto y negociaciones de elites, que subyugan el concepto de lo local, a la supremacía del desarrollo de bienestar como un bien nacional, que se promulga desde los centros de poder político público y sus consecuentes extensiones de lo privado (o viceversa)


sábado, 8 de octubre de 2011

De las élites a la democracia plena. (I)


La democracia plena es un viejo ideal de los oprimidos gestado en confrontación con el elitismo. El constitucionalismo contemporáneo mantiene este desprecio hacia las masas, bajo la pantalla del formalismo republicano.

Ya no identifica directamente la democracia con el desorden, la muchedumbre y la degeneración de gobiernos sometidos a multitudes incultas.

Pero acepta únicamente el régimen político que preserva el poder de los capitalistas

El socialismo apunta a construir una sociedad igualitaria a partir de la erradicación del capitalismo y la expansión de la propiedad colectiva de los medios de producción.

Este proceso exige desenvolver la autodeterminación popular, bajo una modalidad que debería contener las características de una democracia socialista. Este sistema político sustituirá el régimen actualmente dominado por los banqueros, los industriales y los burócratas por un gobierno soberano del pueblo, que pondrá en práctica una democracia real

Al sustraer los derechos esenciales (educación, salud, alimentación, ingreso básico) de las reglas de mercado, una transformación socialista permitirá mejorar el nivel de vida y reducir drásticamente la desigualdad. La paulatina socialización del proceso productivo aportará a la población los recursos, el tiempo y las calificaciones necesarias para participar, deliberar y decidir los destinos de la sociedad. Estos cambios favorecerán la expansión de la democracia a todas las áreas de la vida social. Formas de gestión mayoritarias serían introducidas en la economía (fábricas, bancos, servicios), el estado (administración, ejército, justicia) y la actividad pública (educación, salud, medios de comunicación). La mera rotación de funcionarios al servicio de las clases dominantes quedará sustituida por una efectiva presencia de los exponentes de la opinión popular.

De esta forma cesaría la separación entre esferas políticas -formalmente sometidas al voto ciudadano- y áreas económicas exceptuadas de ese principio. Desaparecería la fractura que ha permitido a los capitalistas dominar, sin transparentar la supremacía que ejercen en la sociedad actual.

La democracia socialista generalizará todas las iniciativas que favorecen la intervención masiva. La deliberación popular, las audiencias públicas y las consultas periódicas ya no serán episodios pasajeros. Conformarán la norma usual de un sistema regido por la autoadministración y sostenido en mecanismos de participación, representación y control colectivo.

Las principales decisiones quedarán sometidas al dictamen del voto, que expresará el poder real de los sufragantes.

Los comicios actualmente consensuados por las clases opresoras se transformarán en desenlaces reales de la voluntad colectiva. Estos actos dilucidarán encrucijadas relevantes, zanjarán conflictos y brindarán aval a las iniciativas más apreciadas.


domingo, 11 de septiembre de 2011

Del control de las elites al control de ciudadano. iv


Inciso necesario.

En la entrega anterior, incurrimos en la ligereza de no revisar el párrafo que se inicia con el planteamiento de los “americanos de valía” y culmina con el presidencialismo como modelo de cultura política sustentada por las elites del poder. Escritura un tanto enrevesada del texto que no permite la comprensión cabal de la idea; en tal sentido lo colocamos en esta sección de forma correcta:

Americanos de valía, que de seguro hoy ven con poco agrado el poder de elites que desangran el corazón de América. Son las rancherías marginales de Brasil o Venezuela igualitas de inseguras a las del Salvador o Nicaragua o las de México. Rancherías humanas plagadas de vicios, santerías, delincuencia, cristianismo, marxismo, socialismo del XXI, liberalismo, integrados en un imaginario social dinámico que crece atizado por elites del voto democrático y de caudillos personalistas. Es el modelo de cultura política sustentado bajo control de elites, que suponen democracias estables y ciudadanos racionales.

Del control de las elites al control de ciudadano

Es fundamental que las democracias se fundamenten, entre otros aspectos, en la ciudadanía como principio de actores racionales e iguales ante la Ley y en la legitimación del poder del funcionario en su actuación frente a la administración de los asuntos del Estado.

El ciudadano sustenta el consenso que ante la Ley obtiene quien detectan el poder del Estado mediante el acto del voto. El ciudadano no es una entelequia que solo voto u opina o participa de enunciados que desde el gobierno se dan sobre aspectos puntuales de planificación o ejecución o inclusive de contraloría social.

Ciudadano es el Presidente, el Contralor o el empresario o el trabajador que en sí, condensan los rasgos que dan forma a la cultura política democrática en un contexto social dado. La cultura es esencialmente un rasgo vivo, proveniente de la acción consciente del hombre para producir relaciones entre sus semejantes. No es que el funcionario o el ciudadano formen entidades separadas. La noción de público o privado están cohesionadas a la noción de cultura política; es la amalgama que, en su contenido ideológico, define formas de relaciones, de comportamiento.

Por otro lado, la noción de legitimación del poder por parte del ciudadano, evidencia la actuación de elites que enquistadas en el poder del Estado, le asignan privilegios a los cargos de autoridad. Que terrible es observar como funcionarios de niveles intermedios disfrutar, junto a familiares y relacionados, de privilegios en cargos que inmisciblemente no lo ameritan. Choferes que son niñeros u auxiliares domésticos o guardaespaldas. Esto por citar un ejemplo que ilustra perfectamente como ciudadanos, y nos referimos al chofer, son abusados en su condición por el principio de gobiernos Presidencialistas. No son los funcionarios públicos, en su dimensión, fieles exponentes de la cultura política cuyo fundamento es la dominación de la figura del presidente como un caudillo y jefe del partido o de la colación de partidos de gobierno.

El ciudadano no es en principio un solicitante de servicio o un beneficiario de la asistencia o un contribuyente; El ciudadano es, un Ser Humano que en su condición de habitante de una comunidad sociocultural dada, asume principios y valores normativos de su vida y de las relaciones con sus semejantes. Su actuación en la convivencia es cívica porque responde a la normativa constitucional. Entre el ciudadano de actuación privada y el de actuación pública solo media el Rol, que en democracia es equitativo, justo y responsable indistintamente de su status.

Es este ciudadano que en principio de Ser Humano tiene conciencia de su Rol, para asumir con responsabilidad su participación en los asuntos del Estado para solicitar canales y condiciones de actuar como igual ante sus representantes.

Cuando el ciudadano no es simplemente un receptor, sino que es principio de la concepción de vida democrática, desde la familia, la democracia recobra su calidad y eficiencia.

El enquistamiento de figuras caudillistas, jefes de partidos, empresarios de empresas públicas, un caudal de familiares, amigo y relacionados rotando y posicionados en cargos públicos crea las elites de poder devenidas de la sociedad civil. Son socios circunstanciales que operan tras bastidores para sustentar con apoyo financiero a los grupos políticos que aspiran u ostentan el poder. Sino es así, que un Presidente, o legislador o gobernador o alcalde arroje la primera piedra sobre este humilde blog.

Reflexión…

El demócrata cree en el equilibrio del poder, como principio activo de la participación del ciudadano en las instituciones públicas o privadas, sin depender en su actuación de imposiciones desde arriba o confiscación de la autonomía en su decisión.

El demócrata cree en la desconcentración del poder de grupos o elites.

El demócrata cree en el poder compartido, no entre una camarilla de privilegiados y sus familiares, amigos y relacionados; sino entre ciudadanos conscientes de su condición de convivencia cívica, equitativa, justa y responsable.

Si no echen, número de los demócratas de nuestra América política, donde con tanta reelección, los providenciales tienen tanto coro, como gobiernos ganados.

Por ejemplo el Presidente dominicano Leonel Fernández con periodos entre 1966 a 2000, luego un receso, como descanso del agite, para regresar en el 2004 al 2008, luego 2008 hasta el 2012.

Álvaro Uribe en Colombia del 2002 al 2010 o Evo Morales con sus nueve años que van desde 2006 al 2015, o Hugo Rafael Chávez Frías con trece años y buscando para el 2012 un nuevo periodo de seis años, que si lo logra se sube a 19 años consecutivos.

Pero nada de eso se compara con Fidel, ho Fidel lo máximo y para que respeten, se retira y deja a su hermano como para que respeten.

Los diferencia su condición ideológica de izquierda o derecha, pero los iguala la reelección y continuidad en el poder.


domingo, 4 de septiembre de 2011

El control de las elites (iii)


Es clásico en América Latina adhesión del ciudadano a las elites gobernantes, al partido de gobierno, a los sectores políticos que detentan el poder. Ese es el ciudadano que operador político o no comprende que, entre otros medios, se accede a los beneficios del Estado mediante el asistencialismo de las propias instituciones públicas. Regularmente no hay otra vía, es lamentable esta afirmación, que no es exclusiva de quien suscribe este Blog. De allí que el control de las elites es asunto de estudio, dado los cambios de concepción ideológica en una parte importante de países de Latinoamericanos. Se mantiene el tiempo de la supremacía de las Elites Políticas, de los operadores políticos del partido de turno en el gobierno.

Se matiné aun en la América Política, el sincretismo cultural aupado por elites, grupos, individualidades autoritarias que construyen esquemas de poder en función de la estrecha relación que existe entre grandes conglomerados humanos en la extrema pobreza e individualidades populistas, carismáticas o simplemente autoritarias, sumadas a la inmensa riquezas natural explotada a mansalva por grupos económicos locales vinculados al capital trasnacional. Esta relación está ligada, por el caudillo; pero su fuente está en las creencias mesiánicas de América, por el “salvador que surgirá de sus entrañas” para liberarla del conquistador, que para unos es chino, soviético, inglés, norteamericano o cualquier otro designado externo que sirva de excusa izquierda o derecha, ante tamaño despilfarro de renta petrolera, agro minera, agropecuaria o simplemente humana.

Suena fuerte, pero; donde está la autocrítica necesaria para revisar errores consecuente. Narro una historia popular, la cual refiere que ante el acoso permanente del conquistador, el indio latinoamericano invento el Dorado, lo que “enloqueció” la codicia del conquistador por encontrar en el Amazonas esa ciudad construida de oro puro. Resulta que en el Amazonas era poblada de anacondas, arañas gigantes, pirañas, gorilas, ranas venenosas, lluvias torrenciales que mermaron a mordiscos y epidemias la codicia bárbara del conquistador. O las historias de ilustres americanos que sembraron de gloria la Europa Colonial; por citar a Don Francisco de Miranda, ilustre caraqueño que luce el estandarte latinoamericano en el viejo y en el nuevo continente de su epoca.

Americanos de valía, que de seguro hoy ven con poco agrado el poder de elites que desangran el corazón de América. Son las rancherías marginales de Brasil o Venezuela igualitas de inseguras a las del Salvador o Nicaragua o las de México. Rancherías humanas plagadas de vicios, santerías, delincuencia, cristianismo, marxismo, socialismo del XXI, liberalismo, integrados en un imaginario social dinámico que crece atizado por elites del voto democrático y de caudillos personalistas.

Es modelo que se ha sustentado en el modelo de cultura política bajo control de elites, que suponen democracias estables y ciudadanos racionales. Óptica difícil para unos y otros (digo de izquierda y derecha). Los primeros tipifican un ciudadano liberal, individualista producto de la propiedad privada capitalista. Mientras que los segundos satanizan al Estado-propietario y social que hace de lo público su botín personal para enriquecer la camarilla. Lo cierto es que en ambos casos, (de nuevo las elites) el ciudadano común convive con la inflación, impunidad, inseguridad, insalubridad, servicios públicos deficientes, rancherías como vivienda, pero eso sí, con un Presidente y su elite, dispuesto a sacrificarse él, su familia y amigotes a ocupar cargos públicos para defender a su país de los chinos o ingleses o norteamericanos o rusos según sea el caso.