sábado, 27 de noviembre de 2010

Consenso, disenso, coerción en democracia

Una evidencia de la consecución del consenso básico de todo sistema de gobierno democrático esta sobre la base de valores y de reglas básicas sólidas, esto es lo que denomina Nicos Poulantzas el bloque en el poder.

La Democracia se debilita cuando el centro del poder político pierde consenso y la fuerza desordenada de los grupos que apoyan el régimen se desboca y promueve normas que pueden llegar a subvertir el orden establecido.

Un régimen democrático está consolidado cuando una gran mayoría de la opinión pública, incluso en medio de grandes problemas económicos y de profunda insatisfacción con los funcionarios, mantienen la creencia de que los procedimientos e instituciones democráticas constituyen el modo más apropiado de gobernar la vida colectiva y el apoyo de alternativas anti sistemas es pequeño o esta mas o menos aislado.

La democracia se hace ingobernable cuando grupos de presión abandona el bloque de poder y apoyan nuevas alternativas. Estilo tradicional latinoamericano donde las fuerzas económicas y sectores políticos y militares se anotan a ganador, en un intento de garantizar el acceso al poder político para defender sus intereses.

Este ejercicio democrático es común y base de sustentación del populismo latinoamericano.

Las democracias latinoamericanas renacientes pudieron superar la crisis de la deuda externa porque los consensos básicos permitieron culminar las duras políticas de estabilización y el descontento popular no vulnero la debilidad de la gobernabilidad.

La lealtad democrática de los grupos de presión es variable y depende de la capacidad de los políticos para impedir disenso. La presión del gasto público, es sumamente fuerte cuando se utiliza como comprador de conciencia, a todos los niveles de clases, religión, función.

En el caso de Venezuela el petróleo se constituye en caja de financiamiento de la pobreza; mecanismo de sustentación de gobiernos fundados en la esperanza de sacar a la población de la pobreza a base de becas y ayudas que terminan financiando al más inmenso caudal de votos, este financiamiento a la pobreza permite evitar el disenso.

Los únicos que existen por esencia en y solo en la democracia son los partidos políticos, sindicatos y demás operadores políticos, líderes de barrio, de juntas de vecino, fauna pura fauna; A quienes les va la vida en preservar tal estado de cosas.
Es común observar alianza o vínculos entre operadores de cúpulas, que hacen vida en las direcciones de las fracciones u organizaciones políticas, orientadas estratégicamente a promover la separación del elector a partir del discurso ofensivo y descalificado.

Pero entre esa “cúpula podrida” se logra los más jugosos contratos y prebendas entre los funcionarios del régimen y los representantes de los factores de la oposición. Su cercanía con la pobreza es pura ficción y discurso.

Basta ver un candidato electo para cualquier puesto, con el tiempo se pone obeso y le surgen bienes y riquezas inexplicablemente “ganadas” por su esfuerzo, el sueldito del ministerio y su asombrosa capacidad de ahorro.

La legitimidad política proviene del origen y la actuación del gobierno ajustada al estado de derecho, a lo que denomina el Dr. H Kelsen Personalidad Moral del Estado y no a las presiones de la opinión pública o los grupos de poder.


La gobernabilidad democrática se sustenta en la represión de la violencia, del abuso del poder, de la corrupción, menor populismo y discurso divisionista, de la coerción o el chantaje.

La democracia no requiere de la violencia para desarrollarse y consolidarse como sistema que garantice la paz.

Las relaciones entre gobierno democrático y la sociedad civil son de equilibrio dinámico. La gobernabilidad depende del entendimiento del bloque de poder y si este o una parte importante de él, se colocan en disenso y realizan oposición sustancial la democracia se puede convertir en ingobernabilidad.

Cualquier sistema democrático puede estar legitimado por elecciones, pero es susceptible a perder legitimidad de origen si caudillos hábiles o inescrupulosos golpean los puntos vulnerables aprovechando las alianzas corporativas, oportunistas de quienes entienden el sistema democrático de gobierno y oposición como el gran negocio de todos los tiempos.

El debilitamiento del sistema democrático no proviene de la pobreza, la inflación ni la corrupción (muy por el contrario pareciera que son el soporte fundamental del discurso populista para captar votos o bien de la oposición como del oficialismo), sino de la fractura del bloque del poder.

El consenso en ocasiones está sustentado en el irrespeto del Estado de Derecho, concentración de poder y corrupción moral, desvirtuando los valores principales del estado y del concepto de democracia que priva en la voluntad colectiva, pasando por encima de la personalidad moral de estado.

Llegando incluso a promover el desgobierno, desorden y aparente populismo judicial desde el poder central del gobierno para justificar actos vandálicos promovidos y amparados por funcionarios y operadores políticos del partido y grupos de partido en el poder, para justificar la ingobernabilidad de la democracia por la vía normal.

Cobra vigencia el presidencialismo, el ventajismo institucional (básicamente amparado en ventajismo judicial), lo cual debe ser eliminado para recobrar el orden institucional.

Caricatura de Quino


¿Cómo hacerlo con la conciencia colectiva inyectada del abuso del poder y la impunidad judicial? ¿Cómo sustentar el sistema democrático y el bloque de poder?

Otro factor importante en el desgobierno es la utilización del partido y los funcionarios que viniendo del partido, utilizan cargos públicos para actuar mas como operadores políticos más que funcionarios al servicio de ciudadano.

En ese sentido el funcionario se reduce a militante activo del partido; Pagado por el Estado para que primero vote, y luego, “piense” en función del partido de gobierno y sus “lideres fundamentales”.
Bajo ese enfoque se olvida que el Estado es la Sociedad y que la estructura del Estado está orientada a satisfacer el bien común.